Luego de tres
partidos de su debut en Boca Juniors logró su primera ovación, la primera de
muchísimas. Deslumbró con su juego inigualable y ganó el cariño de la gente
tras conseguir el 6-0 ante Huracán. “Me la tocó el ‘Negro’ Tchami y yo la
agarré en el borde del área, sin mucho recorrido para el pie. Le pegué, dio en
el palo y se metió. Fue mi primera ovación en ‘La Bombonera’. Me sentí en la
gloria”, así describió su primer gol, con la azul y oro, Juan Román Riquelme,
un ídolo inolvidable del club.
Lo que más sorprendió a todos de Riquelme, no fue sólo su excelente manejo de
la pelota, sino que era uno de los pocos que pensaba el juego, burlaba a los
defensores con sus asistencias de goles, y mucho más cuando convertía. Siempre se mostró como una persona
introvertida fuera de la cancha, como
alguien a quien la atención no parecía importarle. Muy distinto era en los 90 minutos de un partido de fútbol. Todas
las miradas, comentarios, halagos y hasta incluso críticas se dirigían a él,
era el centro de la atención. Muchos comentaristas sostuvieron “si Riquelme
está bien, Boca juega bien”, poniendo toda la responsabilidad sobre sus
hombros. Responsabilidad que supo sobrellevar, siempre se lo vio aconsejando a
sus compañeros y como la cabeza del equipo, era el director técnico en la
cancha.
Actualmente
el equipo se ve desorientado, muchos jugadores siguen esperando la indicación
del 10, de su enganche, de su amigo, quien los abandonó tras la derrota de la
final de la Libertadores en el Pacaembú. Conteniendo las lágrimas, casi sin
poder hablar, Riquelme afirmó lo que nadie quería oír: “No voy a continuar, amo
al club y voy a estar agradecido por siempre con la gente de Boca. El
compromiso que tengo con este club es muy grande y me siento vacío, no tengo
nada más para darle. No sé si le he dado mucho, poco o nada, pero ya no puedo
darle más”.
Sin
dudas esa noche marcó un antes y un después en la historia de Boca Juniors,
Riquelme dejaba la camiseta que siempre se encargó de defender. Él como hincha
del club sentía a flor de piel las derrotas y disfrutaba, como un xeneize más,
los triunfos. Su amor por el club no le permitía fallarle, en su último tiempo
no era el mismo que el de aquel debut, su nivel de juego había bajado y él lo
supo ver. “Acá no puedo hacer la mitad, acá tengo que estar al cien por cien.
Soy bostero y voy a morir bostero”, Juan Román Riquelme.


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